Método y entrega

Parar a mitad de proyecto sin perder lo que ya has pagado

El método: seis fases y un punto de decisión humano entre cada una.

La mayoría de los proyectos de tecnología no se tuercen el día de la entrega. Se tuercen mucho antes, cuando alguien empieza a construir sobre una decisión que nadie llegó a tomar del todo. Para cuando el problema se ve, ya hay meses de trabajo apoyados encima. Deshacerlo cuesta semanas y un dinero que nadie presupuestó.

El error del principio se paga al final

Un proyecto avanza encadenando decisiones, y cada una se apoya en la anterior. Si una de las primeras era frágil, el error no se queda quieto: se propaga y se amplifica con cada capa que se levanta encima. Un supuesto que nadie cuestionó al empezar cuesta una conversación de media hora. Ese mismo supuesto, descubierto durante la construcción, cuesta semanas de trabajo rehecho.

El modelo tradicional responde a ese riesgo con más documentación por adelantado. Nosotros ponemos puntos de parada donde de verdad importan.

Apruebas antes de pasar de fase

Nuestro método avanza por fases, y entre cada fase y la siguiente hay un punto de decisión humano: apruebas antes de pasar de fase. Ahí ves lo que se ha hecho, entiendes qué implica para tu negocio y decides si se construye lo siguiente.

Nosotros preparamos la información con el rigor de un documento firmable. La decisión es tuya. Esa separación es deliberada: el trabajo de análisis se automatiza y el juicio se queda en manos de una persona.

Cuánto has comprometido en cada punto

La consecuencia más útil de ese diseño es económica. Al llegar al corte entre Diseño y Construcción has pagado el diseño y nada más. El importe de la construcción está fijado por contrato, y todavía no se ha comprometido.

Si en ese punto el diseño no te convence, o el negocio ha cambiado, el proyecto se detiene ahí. Te quedas el plano de tu sistema (el diseño funcional), el alcance por escrito y el presupuesto cerrado. El coste se queda en la fase de diseño, que ya tiene valor por sí sola.

Un proyecto que solo se puede frenar cancelándolo entero te deja sin salidas intermedias. El contrato fija esa salida por escrito.

La velocidad no se resiente

Podría pensarse que tantos puntos de decisión frenan el proyecto. Ocurre lo contrario.

Lo que ralentiza un proyecto no es decidir, es rehacer.

El tiempo del proyecto se concentra en lo único que de verdad es tuyo: las decisiones. Todo lo repetible ya lo tenemos construido antes de tu proyecto: el método, las plantillas de diseño y presupuesto, el rigor documental. Por eso ningún punto de decisión se salta para ganar velocidad.

Control y velocidad se sostienen el uno al otro cuando el método está bien diseñado. Cada hora que no se gasta en rehacer es una hora que avanza el proyecto.

Sin sorpresas entre fases

Entre una fase y la siguiente no hay nada opaco. Ves el avance cuando quieres, sin tener que preguntar cómo va. Cada corte te deja un documento firmable, con el alcance, el plano de tu sistema y el presupuesto cerrado, que sostiene la decisión siguiente. Los problemas siguen apareciendo, y aparecen cuando todavía es barato decidir qué hacer con ellos.

Preguntas frecuentes.

¿Qué me llevo si paro el proyecto antes de construir?

El plano de tu sistema (el diseño funcional) que ya has pagado, con el alcance por escrito y el presupuesto cerrado. Es tuyo, sin condiciones.

¿Cuánto dinero he comprometido cuando llego a ese punto?

Solo la fase de diseño. El importe de la construcción se fija por contrato antes de empezarla y queda sin gastar si decides no seguir.

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Así trabajamos

Cada proyecto avanza por fases y tú apruebas antes de pasar a la siguiente.

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