La mayoría de los proyectos de tecnología no se tuercen el día de la entrega. Se tuercen mucho antes, cuando alguien empieza a construir sobre una decisión que nadie llegó a tomar del todo. Para cuando el problema se ve, ya hay meses de trabajo apoyados encima. Deshacerlo cuesta semanas y un dinero que nadie presupuestó.
El error del principio se paga al final
Un proyecto avanza encadenando decisiones, y cada una se apoya en la anterior. Si una de las primeras era frágil, el error no se queda quieto: se propaga y se amplifica con cada capa que se levanta encima. Un supuesto que nadie cuestionó al empezar cuesta una conversación de media hora. Ese mismo supuesto, descubierto durante la construcción, cuesta semanas de trabajo rehecho.
El modelo tradicional responde a ese riesgo con más documentación por adelantado. Nosotros ponemos puntos de parada donde de verdad importan.
Usted aprueba antes de pasar de fase
Nuestro método avanza por fases, y entre cada fase y la siguiente hay un punto de decisión humano: usted aprueba antes de pasar de fase. Ahí ve lo que se ha hecho, entiende qué implica para su negocio y decide si se construye lo siguiente.
Nosotros preparamos la información con el rigor de un documento firmable. La decisión es suya. Esa separación es deliberada: el trabajo de análisis se automatiza y el juicio se queda en manos de una persona.
Cuánto ha comprometido en cada punto
La consecuencia más útil de ese diseño es económica. Al llegar al corte entre Diseño y Construcción usted ha pagado el diseño y nada más. El importe de la construcción está fijado por contrato, y todavía no se ha comprometido.
Si en ese punto el diseño no le convence, o el negocio ha cambiado, el proyecto se detiene ahí. Usted se queda el plano de su sistema (el diseño funcional), el alcance por escrito y el presupuesto cerrado. El coste se queda en la fase de diseño, que ya tiene valor por sí sola.
Un proyecto que solo se puede frenar cancelándolo entero le deja sin salidas intermedias. El contrato fija esa salida por escrito.
La velocidad no se resiente
Podría pensarse que tantos puntos de decisión frenan el proyecto. Ocurre lo contrario.
Lo que ralentiza un proyecto no es decidir, es rehacer.
El tiempo del proyecto se concentra en lo único que de verdad es suyo: las decisiones. Todo lo repetible ya lo tenemos construido antes de su proyecto: el método, las plantillas de diseño y presupuesto, el rigor documental. Por eso ningún punto de decisión se salta para ganar velocidad.
Control y velocidad se sostienen el uno al otro cuando el método está bien diseñado. Cada hora que no se gasta en rehacer es una hora que avanza el proyecto.
Sin sorpresas entre fases
Entre una fase y la siguiente no hay nada opaco. Usted ve el avance cuando quiere, sin tener que preguntar cómo va. Cada corte le deja un documento firmable, con el alcance, el plano de su sistema y el presupuesto cerrado, que sostiene la decisión siguiente. Los problemas siguen apareciendo, y aparecen cuando todavía es barato decidir qué hacer con ellos.